Por Gustavo Demartin (*)
Universidad Nacional de Quilmes
gdemartin@gmail.com
¿Cómo citar? Gustavo Demartin (2025) Aísthesis, interculturalidad y performance como resistencia cultural. En Revista Estudios del Conurbano N°2 /Año II /Octubre 2025 N°2. Perspectivas a futuro. Programa Doctorado en Estudios del Conurbano / CONUSUR – “Colaboratorio Universitario de Ciencias, Artes, Tecnología, Innovación y Saberes del Sur”. – Universidad Nacional de Avellaneda – Universidad Nacional Arturo Jauretche – Universidad Nacional del Oeste – Universidad Nacional de Moreno – Universidad Nacional de Hurlingham – Universidad Nacional de Quilmes – Universidad Nacional de José Carlos Paz. Accedido desde: [https://conusur.org.ar/revista-estudios-del-conurbano/].
Resumen
Este artículo analiza el vínculo entre arte, estética e interculturalidad como espacios de resistencia cultural y generación de nuevos sentidos, partiendo de la noción de aísthesis en Dussel. Asimismo, se examina su dimensión política en tanto práctica descolonizadora que desafía las estructuras de la colonialidad, rescata narrativas marginadas y revaloriza lenguas y tradiciones originarias. A partir de aportes de Citro, Mignolo, Gómez Peña, Deleuze y Guattari, se destaca que arte y performance no solo representan la diversidad, sino que posibilitan líneas de fuga que cuestionan jerarquías y promueven procesos de desterritorialización y reterritorialización. En consecuencia, se sostiene que el arte, al articular creatividad y resistencia, constituye un espacio abierto para imaginar futuros más inclusivos, colaborativos y emancipadores.
Palabras clave
Arte – Estética – Aísthesis – Interculturalidad – Performance – Identidad – Descolonización
El estudio de los procesos identitarios y sus imaginarios no se limita a inscripciones textuales y discursos verbales (Citro 2017, 57), sino que también muestra cómo las expresiones artísticas —música, danza y teatralidad— configuran institucionalidades legitimantes al movilizar sentimientos colectivos de carácter semiótico (icónicos e indexicales).
Para Dussel (2018), la experiencia estética es una aísthesis que el sujeto creador despliega como criterio de lo real, en la cual se conjugan goce, inteligibilidad, sensibilidad y emoción. Esta facultad subjetiva no solo resulta ineludible, sino que su desarrollo y expresión son necesarios para la producción de sentidos e imaginarios de realidad. En el arte se cumple de manera fundante este papel primordial, pues la experiencia estética adquiere una dimensión sociocultural que amplía las sensibilidades en el encuentro, cruce y mezcla de expresiones, lenguajes y culturas provenientes de tradiciones distintas. Por ello, la dimensión de “lo estético” constituye una capacidad humana diferencial (Rodríguez 2018, 29) que se vincula con la experiencia sensual y sensorial de los sujetos en el mundo. El arte, en todas sus formas, funciona como un vehículo capaz de atravesar barreras lingüísticas, geográficas y sociales. Cuando se aborda desde una perspectiva intercultural, su aporte se magnifica y se convierte en un canal de comunicación entre mundos distintos, un lenguaje que conecta sensibilidades y experiencias humanas. En este sentido, el arte intercultural no solo refleja la diversidad, sino que la celebra y problematiza. Obras como las de Esther Mahlangu, que fusiona elementos europeos y africanos en textiles y objetos, cuestionan las nociones de autenticidad cultural y proponen nuevas formas de comprender la identidad en acto. De manera similar, el arte latinoamericano, con figuras como Ricardo Carpani o Antonio Berni, ha servido como vehículo para narrar luchas históricas y mestizajes culturales en la región.
El encuentro entre expresión artística e interculturalidad produce, además, un efecto de confrontación porque coloca al espectador frente a sus propios prejuicios y estereotipos. Al generar experiencias estéticas que integran elementos de distintas culturas, se abre un espacio para el diálogo crítico y la sorpresa, donde las diferencias pueden aparecer como amenazas, pero también como oportunidades de aprendizaje mutuo.
Un aspecto clave, tanto metodológico como ontológico, se ha evidenciado en la performance. Según Citro (2017, 59), “es preciso analizar cómo ciertos elementos de un discurso, pero también de una performance, suelen descontextualizarse y recontextualizarse en otros, generando vínculos intertextuales, intercorporales e intersonoros”. La performance, entendida como manifestación artística que utiliza el cuerpo, el tiempo y el espacio como medios expresivos, adquiere especial potencia en contextos interculturales, pues actúa como nexo singular y efímero. Para Citro (2017), ello ocurre porque incorpora no solo un aspecto estético-formal, sino también su contexto, activando emociones y significaciones lingüísticas inherentes.
En este marco, lo performático, como arte efímero y relacional, opera como medio para explorar, representar y transformar realidades culturales diversas. Se adentra, a través de la sensibilidad, en aspectos no narrados de la experiencia consciente. Al mismo tiempo, al ser experiencia personal y colectiva, permite visibilizar procesos de hibridación cultural y el impacto de la globalización sobre las tradiciones locales, abordando cuestiones de identidad, migración y exclusión cultural. En un estudio sobre música andina, Podhajcer (2015, 59) identifica que, en grupos menos tradicionalistas y más latinoamericanistas y democráticos, aparecen referencias distintas, orientadas a lo comunitario y a la complementariedad, que no responden estrictamente a valores locales. No obstante, la performance destaca, sobre todo, por su capacidad de generar empatía a través de la acción en vivo.
El cruce entre interculturalidad, performance y arte impulsa la reflexión sobre la condición humana en su pluralidad. Gómez Peña (2002), sin embargo, advierte sobre la “desterritorialización” de sentidos que puede producirse en el arte cuando los artistas asumen una supuesta superioridad europea, reforzando perspectivas dependentistas mediante sus performances. La performance ofrece la posibilidad de promover una “fronteridad” desde la cual repensar las conflictividades sociales, más que reproducir falsamente un mundo que sostiene y perpetúa desequilibrios vividos como padecimientos. Ello no impide que arte y performance, en conjunto, fomenten una visión en la que las diferencias culturales sean reconocidas como fuente de riqueza y creatividad. Con su capacidad de habitar el presente y activar la memoria, la performance se convierte en vehículo privilegiado para abordar tensiones y diálogos interculturales, invitando al espectador a involucrarse emocional e intelectualmente con las historias y perspectivas de otras culturas.
En esta misma línea, las formas de la estética contribuyen a la consolidación de procesos descolonizadores, como lo demuestra el hecho de que ciertas instalaciones artísticas generan debates en torno a la identidad. Algo semejante ocurre con los movimientos que rescatan lenguas ancestrales, narrativas marginadas y prácticas culturales originarias, cuestionando los cánones establecidos por las culturas dominantes. La creación artística, en este marco, trasciende el mero afán esteticista (teoría de lo bello) y adquiere una dimensión política que desafía las estructuras de la colonialidad. Así, cuando arte e interculturalidad interactúan, surge un espacio de resistencia y reivindicación. En este sentido, Mignolo (2009, 32) sostiene que la descolonización, como proyecto de transformación política de la sociedad, no puede reducirse a estrategias impulsadas desde políticas públicas (Estado, museos o universidades), sino que requiere también de prácticas creativas que interpelen la colonialidad desde lo sensible y lo cultural.
Estas prácticas no solo responden a los desafíos de la diversidad, sino que proponen nuevas formas de imaginar el futuro, basadas en respeto, colaboración y creatividad compartida. En un tiempo en que las divisiones se intensifican en sus márgenes extremos, esta relación recuerda que, a través del arte y la performance, es posible contribuir a la construcción de un hábitat más inclusivo y equitativo. O, al menos, multiplicar prácticas que abran puntos de fuga -en sentido deleuziano (Deleuze-Guattari, 1997)- para cuestionar jerarquías, romper con lo establecido y escapar de las “estriaciones” (estructuras organizadas y limitantes). En el plano del pensamiento, esos puntos de fuga son esenciales para generar nuevas formas de ser, pensar y relacionarse, dando lugar a procesos de desterritorialización (desmontaje de estructuras existentes) y reterritorialización (creación de nuevos órdenes).
En definitiva, el arte, en diálogo con la creatividad y la resistencia, conduce hacia lo nuevo: un espacio abierto donde experimentar con la emancipación y la multiplicidad. Parte de la premisa de que cualquier sistema, por más cerrado que parezca, contiene potenciales líneas de fuga capaces de propiciar cambios y transformaciones.
(*) Gustavo Demartin es Profesor de Filosofía Especialista en Docencia Universitaria (UNLP) y Doctorando en Estudios del Conurbano (UNAJ–CONUSUR). Posee estudios superiores en Desarrollo Sustentable (UNLA). Se especializa en epistemología, filosofía de las ciencias y metodología de las ciencias sociales. Posee una amplia trayectoria docente en UNLP y UNQ. Como investigador ha integrado equipos interdisciplinarios de gestión ambiental y sustentabilidad junto a FLACAM y UNLA, y participa en proyectos de investigación vinculados a epistemología, democracia, salud mental y cultura de poder. Coordina el grupo de estudio del departamento de CS Soc UNQ “Filosofía en el Ágora” con el cual integra el Observatorio de Prácticas Públicas de Historia y Filosofía (UNQ). Desarrolla una activa labor de divulgación científica en medios de comunicación universitarios y nacionales.
Bibliografía
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http://www.aibr.org/antropologia/netesp/numeros/1201/120104e.pdf
Deleuze, Gilles, y Félix Guattari. (1997) Mil mesetas: Capitalismo y esquizofrenia 2. Traducido por José Vázquez Pérez y Umbelina Larraceleta. Valencia: Pre-Textos.
Dussel, Enrique 2018. “Siete Hipótesis para una Estética de la Liberación”. Praxis. revista de Filosofía No 77. Marcelo T. de Alvear 2230 – C1122AAJ Ciudad Autónoma de Buenos Aires http://mesla.sociales.uba.ar/
Gómez Peña, Guillermo (2002). “Wacha esa border, son. Documented/indocumentado (1986)”, En: El Mexterminator. Antropología Inversa de un Performancero Postmexicano. Josefina Alcázar (coord.), CONACULTA, Editorial Océano, México, 2002, pp. 47-58.
Mignolo, W. (2009) Aiesthesis decolonial. Calle 14 Revista de Investigación en el Campo del Arte 4(4). LicenseCC BY-NC-ND 4.0 https://www.researchgate.net/publication/44708361_Aiesthesis_Decolonial
Podhajcer, Adil (2015) “Sembrando un cuerpo nuevo. Performance e interconexión en prácticas musicales andinas de Buenos Aires”. En: Revista Musical Chilena, Universidad de Chile, Facultad de Artes, Santiago, Chile, año LXIX, 69, Nº223, 47-65. Enero/Junio. ISSN: 0716-2790.
Rodríguez, Manuela 2018. “Estética de las culturas populares: repensando el vínculo arte/vida” Revista Tempos e Espaços em Educação, São Cristóvão, Sergipe, Brasil, v. 11, n. 24, p. 29-44.
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